Estudio de WeWork y Michael Page revela que 7 de cada 10 colombianos que prefieren el trabajo híbrido lo hacen principalmente para reducir los tiempos de traslado.
Bogotá y Medellín concentran al 74,65% de quienes optan por esquemas remotos o con asistencia opcional.
Para buena parte de los trabajadores colombianos, la jornada laboral empieza mucho antes de sentarse frente al computador y puede terminar varias horas después de salir de la oficina. El tiempo que se va en los desplazamientos está pesando cada vez más en la forma en que las personas quieren trabajar y, con ello, en las decisiones que toman las empresas sobre sus modelos laborales.
Esa es una de las principales conclusiones del estudio La experiencia laboral 2026 en Colombia, realizado por WeWork y Michael Page. La investigación, que consultó a cerca de 3.000 personas en cinco países de Hispanoamérica, encontró que el 71,96% de los colombianos que prefiere un modelo híbrido lo hace principalmente para reducir los tiempos de traslado. El balance entre la vida laboral y personal aparece en segundo lugar, con 57,09%, seguido por la posibilidad de tener una mayor productividad, con 51,69%.
El dato pone la movilidad en el centro de una conversación que hasta ahora se había concentrado principalmente en la presencialidad. Para los trabajadores, no parece tratarse simplemente de escoger entre trabajar desde la casa o ir a la oficina, sino de cuánto tiempo están dispuestos a invertir para llegar hasta ella.
La situación es particularmente evidente en Bogotá y Medellín. El estudio encontró que el 74,65% de quienes prefieren trabajar de manera remota o con asistencia opcional a la oficina vive en estas dos ciudades, donde los largos desplazamientos hacen parte de la rutina diaria de miles de trabajadores.
El informe toma como referencia el TomTom Traffic Index 2026, según el cual Bogotá ocupa el séptimo lugar entre las 492 ciudades con mayor congestión vehicular, mientras Medellín aparece en el puesto 11. En ambas ciudades, las personas pierden alrededor de 153 horas al año durante las horas pico.
“Durante mucho tiempo hemos hablado de productividad pensando únicamente en lo que ocurre dentro de la oficina, pero hay una parte de esa conversación que está ocurriendo en la calle. El tiempo que una persona pasa atrapada en un trancón también tiene un impacto sobre su energía, su bienestar y el tiempo que puede dedicar a su familia o a otras actividades. La flexibilidad permite recuperar parte de ese tiempo y hacer que la presencialidad tenga un propósito mucho más claro”, afirma Claudio Hidalgo, presidente de WeWork Latinoamérica.
Los resultados muestran que el talento colombiano tiene bastante claro qué modelo prefiere. El 56,17% de los encuestados se inclina por el trabajo híbrido, mientras que 26,94% opta por un modelo remoto o remoto con asistencia opcional. Solo 10,44% prefiere trabajar de manera completamente presencial.
La preferencia por la hibridez tampoco significa que los trabajadores quieran desaparecer de las oficinas. Entre quienes escogen este modelo, el 48,99% quisiera asistir dos días a la semana y el 33,11% tres o más días. Solo 17,91% se inclinaría por ir un día. En otras palabras, la mayoría sigue encontrando valor en encontrarse presencialmente con sus equipos, pero busca reducir la frecuencia de los desplazamientos.
También cambia la manera en que se entiende el espacio de trabajo. El 85,14% de quienes prefieren el modelo híbrido considera que las actividades que requieren mayor concentración pueden realizarse fuera de la oficina central. Un 16,55% de este grupo incluso escogería un espacio de coworking para desarrollar ese trabajo.
La movilidad también aparece como una razón determinante entre quienes prefieren trabajar de manera remota. En este grupo, el 89,44% señala la reducción de los tiempos de traslado como uno de los principales motivos de su elección. Le siguen la conciliación entre la vida laboral y personal, con 69,72%, el cuidado personal, con 56,34%, y una mayor productividad, con 52,11%.
Para las empresas, el resultado plantea una pregunta que va más allá de cuántos días debe ir un empleado a la oficina. La discusión empieza a trasladarse hacia el propósito de esos días y hacia la posibilidad de que las personas puedan desarrollar determinadas actividades en espacios más cercanos a sus hogares, evitando desplazamientos que no necesariamente aportan valor al trabajo.
“No se trata de eliminar la oficina. Se trata de entender para qué necesitamos estar allí. Hay actividades en las que la interacción presencial es fundamental y otras que requieren concentración y pueden hacerse perfectamente en otro lugar. Si además ese cambio permite que una persona pase menos tiempo en el tráfico, estamos hablando de una decisión que tiene efectos sobre su bienestar y también sobre su productividad”, agrega Hidalgo.
El estudio muestra así que los trancones dejaron de ser solamente un problema de movilidad urbana. También se están convirtiendo en un factor que pesa en las decisiones laborales de los colombianos. En ciudades donde cientos de horas al año pueden irse en el tráfico, el lugar desde donde se trabaja empieza a importar tanto como el trabajo mismo.


