Campo colombiano tiene internet, pero la IA sigue siendo una deuda

Seguir tratando la red como un gasto básico y no como una inversión estratégica termina elevando el costo total de operación, al sacrificar soporte, escalabilidad, visibilidad y seguridad. Axity plantea evolucionar hacia esquemas de servicio, donde un socio especializado monitoree la red, actualice capacidades y resuelva incidentes en tiempo real.

Tener internet ya no es suficiente. En los próximos años, la verdadera diferencia competitiva para las empresas y para sectores estratégicos como el agro no estará en contar con una señal o un punto Wi-Fi, sino en disponer de una infraestructura capaz de operar en tiempo real, proteger los datos, sostener operaciones críticas y habilitar tecnologías como la Inteligencia Artificial.

En Colombia, el acceso ha avanzado de forma importante, con cobertura en el 72,5% de los hogares urbanos y en el 56,9% de los rurales (según la Encuesta de Calidad de Vida del DANE y el Ministerio TIC). Sin embargo, esa expansión no se ha traducido automáticamente en productividad, resiliencia ni transformación. Para Axity, el reto de fondo es cerrar la brecha de “conectividad productiva”: la distancia entre tener acceso básico a internet y contar con redes realmente preparadas para impulsar el negocio, automatizar procesos y convertir los datos en decisiones.

Esta brecha tiene impactos directos en múltiples industrias. En sectores como retail, servicios financieros, manufactura, salud o logística, las interrupciones de red, la inestabilidad de las plataformas en la nube y las fallas recurrentes en herramientas de colaboración no solo generan fricción operativa: también reducen la productividad, retrasan transacciones críticas, afectan la continuidad de los procesos y deterioran la experiencia del cliente o del usuario final.

En una empresa mediana, estos microcortes pueden representar decenas de horas perdidas cada semana; pero su efecto va más allá del tiempo, ya que una sucursal bancaria sin sistema, un punto de venta inactivo, una planta con procesos detenidos o un canal de atención desconectado pueden traducirse en pérdidas económicas, incumplimientos operativos y daños reputacionales.

Desde la perspectiva de Daniel Niño, gerente Plataforma de Axity, uno de los errores más frecuentes es seguir tratando la red como un gasto básico y no como una inversión estratégica. Apostar por la opción más económica, sin considerar soporte, capacidad de escalabilidad, visibilidad operativa o seguridad, termina elevando el costo total de operación. La infraestructura digital dejó de ser una capa secundaria: hoy es la base sobre la que descansa la continuidad del negocio, la experiencia del usuario y la capacidad de innovar.

En el campo colombiano, esa conversación es aún más urgente. Aunque la conectividad rural ha crecido y ya existen avances relevantes como la conexión de miles de escuelas, persiste una distancia importante entre estar conectado y poder usar esa conectividad para transformar procesos productivos y educativos. La evidencia es clara: mientras en las zonas urbanas el uso de herramientas de Inteligencia Artificial alcanza el 20,4%, en el entorno rural apenas llega al 8,1% (De acuerdo con la encuesta ENTIC Hogares del DANE). Esto revela que el desafío no es solo de cobertura, sino de calidad, capacidad y apropiación tecnológica.

La brecha se hace visible cuando proyectos de modernización como la implementación de ERPs, sensores o plataformas de monitoreo se enfrentan a redes inestables. En esos casos, la promesa de eficiencia se rompe y las organizaciones terminan regresando a registros manuales, controles en papel y procesos desconectados. Es ahí donde la conectividad deja de ser una condición técnica y se convierte en un factor determinante para la competitividad.

Durante los próximos años, las organizaciones que logren diferenciarse serán aquellas capaces de evolucionar desde una conectividad básica hacia una conectividad inteligente. Esto implica pasar de modelos reactivos a redes predictivas, donde la analítica y la IA permitan anticipar congestiones, detectar anomalías y corregir fallas antes de que afecten la operación. También supone acercar la capacidad de procesamiento al lugar donde ocurren los datos. En sectores como agroindustria y manufactura, el Edge Computing será clave para analizar información de sensores, cámaras, diferentes fuentes de información directamente en planta o en campo, reduciendo la latencia y acelerando la toma de decisiones.

Otro frente decisivo será la reducción de la deuda técnica. Los modelos tradicionales de compra de infraestructura suelen quedar rezagados con rapidez frente a las nuevas exigencias operativas. Por eso, Daniel Niño, Gerente Plataforma de Axity, plantea una evolución hacia esquemas de servicios administrados, en los que un socio especializado pueda monitorear la red, actualizar capacidades y resolver incidentes en tiempo real. Más que una decisión financiera entre CapEx y OpEx, se trata de una estrategia para mantener la red alineada con la velocidad del negocio y compensar la escasez de talento especializado.

Para Daniel Niño, Gerente Plataforma de Axity, la conversación ya no puede limitarse a ampliar la cobertura como meta final. El desafío real está en transformar la conectividad en una capacidad estratégica para el negocio: una base tecnológica que no solo garantice operación, seguridad y continuidad, sino que también habilite innovación, acelere la toma de decisiones y permita a las organizaciones adaptarse con mayor rapidez a las exigencias del mercado. Bajo esta visión, la red deja de ser un componente invisible de soporte para convertirse en un habilitador directo de competitividad, resiliencia y crecimiento, capaz de sostener la evolución digital de industrias enteras y de conectar la inversión tecnológica con resultados concretos de negocio.