Por: Lilia Martins, End User Business Manager para HID
América Latina atraviesa el ciclo de expansión de centros de datos más intenso de su historia. Según JLL, el stock colocation, es decir, la capacidad de espacio de colocación creció un 20% en 2025, un máximo histórico que llevó la capacidad instalada de la región a 1,1 GW. A este ritmo, según Bloomberg Línea, la capacidad total podría aumentar cerca de un 60% durante los próximos dos años. Brasil, México, Chile y Colombia concentran la demanda, impulsada en gran parte por la nube y la inteligencia artificial (IA).
Este crecimiento cambia la naturaleza del riesgo físico. Proteger estos entornos exige mucho más que contar con redes seguras y herramientas avanzadas de ciberseguridad: también es necesario controlar quién accede físicamente a los equipos que almacenan y procesan la información.
Con la IA, lo que está en juego no es solo el hardware. Son los datos que entrenan y alimentan los modelos, y quien tiene acceso físico a un gabinete tiene, en la práctica, acceso a esa información.
Para el control de acceso, esto tiene consecuencias concretas. El gabinete pasa a ser el punto donde convergen los datos de varios clientes, y una intervención no autorizada puede comprometerlos a la vez. Los equipos de IA también requieren mantenimiento especializado, lo que aumenta la rotación de técnicos externos y personal de fabricantes que necesitan accesos temporales. Además, la presión por poner en marcha capacidad nueva en plazos cortos obliga a que la seguridad física avance al mismo ritmo que la infraestructura.
La seguridad física de un centro de datos se organiza en distintos niveles. Las áreas conocidas como white space albergan servidores, racks, sistemas de almacenamiento y equipos de red, mientras que el gray space concentra infraestructura de soporte, como sistemas de refrigeración, generadores, transformadores y equipos de distribución eléctrica. Cada espacio requiere controles acordes con su función y nivel de riesgo.
Sin embargo, restringir el ingreso al edificio o a una sala técnica no siempre es suficiente. En los centros de datos multiusuario, donde diferentes clientes pueden compartir instalaciones y operar con equipos independientes, el control de acceso a nivel de gabinete añade una capa de protección que delimita quién puede interactuar físicamente con determinados servidores. El operador administra el edificio, pero cada cliente necesita la certeza de que nadie más puede abrir sus racks. Un registro individual de cada apertura permite al operador demostrar a clientes y auditores que esa separación se cumple.
Esta granularidad permite asignar permisos diferenciados a técnicos, proveedores, administradores y personal de mantenimiento, según sus funciones y el cliente al que prestan servicio.
Para aprovechar sus ventajas, las organizaciones deben considerar cuatro pilares.
1. Credenciales móviles y protección de la identidad
Las tarjetas físicas y las llaves tradicionales pueden perderse, ser robadas o quedar fuera del control de los administradores. Las credenciales móviles permiten utilizar teléfonos inteligentes para autenticar a los usuarios y gestionar sus permisos, con criptográficos que dificultan la suplantación de identidad. Según el Informe 2026 sobre el Estado de la Seguridad y la Identidad de HID, elaborado a partir de más de 1.500 profesionales de seguridad y TI, el 74% de las organizaciones ya utiliza credenciales móviles o planea implementarlas, y la mejora de la seguridad (50%) ya supera a la comodidad (34%) como principal motivo de adopción.
También facilitan la modificación o revocación de permisos cuando cambian las responsabilidades de un empleado, finaliza el contrato de un proveedor o concluye la visita de un técnico externo, sin depender de la recuperación física de una tarjeta o llave. Conviene evaluar también el cifrado y la gestión del ciclo de vida de las credenciales.
Para garantizar una protección adecuada, es importante evaluar los mecanismos de autenticación, el cifrado, la gestión del ciclo de vida de las credenciales y las medidas de seguridad de los dispositivos utilizados.
2. Gestión remota y respuesta ante incidentes
En operaciones con varios sitios o equipos distribuidos geográficamente, las plataformas conectadas a la nube facilitan la administración remota de permisos, la actualización de credenciales y la supervisión de eventos. Para un operador con instalaciones en distintos países, esa visibilidad centralizada permite retirar accesos con rapidez y reconstruir lo ocurrido cuando se detecta una actividad inusual.
Además, los registros de acceso ayudan a reconstruir lo ocurrido cuando se detecta una actividad inusual, lo que facilita las investigaciones y la respuesta ante incidentes.
No obstante, la gestión en la nube debe complementarse con mecanismos de autenticación robustos y políticas de continuidad operativa que permitan administrar los accesos ante interrupciones de conectividad; la conectividad facilita las operaciones, pero es necesario contar con una arquitectura resiliente que mantenga la seguridad y disponibilidad de los sistemas.
3. Trazabilidad, auditoría e interoperabilidad
Proteger un centro de datos también exige identificar quién accedió a un equipo, cuándo ocurrió el evento y si la operación correspondía a los permisos asignados. Los registros automatizados facilitan las auditorías y las investigaciones, especialmente cuando se integran con plataformas de videovigilancia y gestión de identidades.
La interoperabilidad es igualmente importante. El informe de HID identifica la gestión de múltiples sistemas de identidad como el principal desafío para el 52% de los encuestados. Las soluciones basadas en estándares abiertos facilitan las integraciones, permiten incorporar nuevas funcionalidades y ayudan a modernizar la infraestructura sin necesidad de reemplazar todos los sistemas existentes.
Conviene además evaluar las prácticas a los proveedores. Certificaciones como ISO/IEC 27001 y evaluaciones como SOC 2 Type II aportan evidencia sobre determinados controles de seguridad, aunque no sustituyen el análisis de los riesgos específicos de cada solución.
4. Escalabilidad y eficiencia operativa
Los centros de datos amplían su capacidad, incorporan nuevos clientes y actualizan sus infraestructuras de manera constante. Por ello, sus sistemas de seguridad deben adaptarse a los cambios en el número de usuarios, la distribución de los equipos y las políticas de acceso. Cada nuevo despliegue de IA de alta densidad puede requerir permisos y cerraduras adicionales en cuestión de semanas.
La asignación de permisos por usuario y por gabinete permite aplicar el principio de mínimo privilegio, según el cual cada persona dispone únicamente de los accesos necesarios para cumplir sus funciones, esta estrategia reduce la exposición innecesaria y facilita la administración de entornos con distintos niveles de criticidad.
La escalabilidad también implica considerar los costos de operación, la compatibilidad con los sistemas existentes y la posibilidad de incorporar funcionalidades mediante actualizaciones. Por otra parte, la digitalización de credenciales puede reducir el uso de tarjetas plásticas y algunos desplazamientos administrativos, aunque estas prácticas pueden contribuir a optimizar recursos, su impacto ambiental debe evaluarse considerando también el consumo energético y el ciclo de vida de los dispositivos.
Seguridad física y digital: una estrategia integrada
La protección de un centro de datos requiere abordar conjuntamente las amenazas físicas y digitales. Un acceso no autorizado puede comprometer equipos, interrumpir servicios de varios clientes.
Las organizaciones también deben identificar las obligaciones legales aplicables a sus operaciones. En México, la nueva Ley Federal de Protección de Datos Personales en Posesión de los Particulares está vigente desde marzo de 2025. Chile prepara la entrada en vigor de la Ley 21.719, prevista para el 1 de diciembre de 2026, aunque el Congreso discute aplazarla un año. En Brasil, la LGPD rige el tratamiento de datos personales. Ninguna de estas normas regula el gabinete en sí, pero todas exigen demostrar que el acceso a la información está controlado, y en un centro de datos ese control empieza por el acceso físico.
La expansión de la IA en América Latina se medirá en megavatios, pero la confianza de los clientes de los centros de datos dependerá de algo más simple: saber con certeza quién abrió su gabinete y si tenía autorización para hacerlo. Los operadores que resuelvan esa pregunta desde el diseño estarán mejor posicionados para captar la próxima ola de inversión.

