La ANI admite que la ejecución presupuestal de 2026 aún no llega al 100% por factores externos a su gestión. Para los grandes consorcios, el reto ahora es compensar el tiempo perdido sin sacrificar cronogramas ni calidad.
En un comunicado publicado por la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI) informó que, de los $5,9 billones asignados para proyectos carreteros en la vigencia 2026, ya comprometió el 95% mediante los respectivos certificados de disponibilidad presupuestal. Sin embargo, la propia entidad reconoció que el giro efectivo de esos recursos a los Patrimonios Autónomos, el paso que finalmente permite que la plata llegue a obra, depende de transferencias pendientes del Ministerio de Hacienda y Crédito Público, y que a la fecha de corte la ejecución girada apenas alcanzaba el 16% de lo asignado para el año.
Días antes, la ANI había publicado otro comunicado para aclarar, proyecto por proyecto, el estado real de las obras en estructuración y en ejecución. Allí quedó documentado, por ejemplo, que el contrato de Accesos Norte Fase II se firmó en abril de 2022, pero solo obtuvo la licencia ambiental que permite construir en enero de 2026, casi cuatro años después, mientras que la ampliación del aeropuerto Rafael Núñez de Cartagena, iniciada en marzo de 2025, registra apenas 2% de avance por temas sociales, prediales y ambientales que aún no se resuelven.
Este patrón de recursos comprometidos que tardan en girarse, permisos que tardan años en llegar y proyectos que arrancan con retraso frente a su cronograma original es sin duda una de las razones del rezago en infraestructura que muestra Colombia respecto a otros países de la región sumado a la necesidad de incorporar métodos constructivos como el uso de prefabricados de concreto que aceleren los proyectos sin desmedro de su calidad. Según Preansa, empresa lider en América Latina en esta técnica con operación en Chile, Perú y Colombia, la conversación del sector ya no debería centrarse solo en la disponibilidad de presupuesto, sino en el método constructivo que se usa una vez esos recursos lo que permitirá mejorar la competitividad del país con mejores carreteras, accesos a terminales lógisticos e infraestructura que mejore la vida de los colombianos.
La carrera contra el tiempo empieza cuando llega el permiso, no antes
Cuando un proyecto como Accesos Norte espera casi cuatro años por una licencia ambiental, el cronograma original queda obsoleto desde el primer día de obra. En el método tradicional de vaciado in situ, cada mes de atraso en el permiso se traduce directamente en un mes adicional de construcción y por consiguiente retrasos que traen consigo mayores costos porque la fabricación de la estructura solo puede empezar una vez se abre el frente de obra. La construcción industrializada rompe esa secuencia: los elementos de concreto pueden diseñarse y prefabricarse en planta mientras se resuelven los últimos trámites prediales o ambientales, de modo que, en el momento en que se firma el acta de inicio, gran parte de la obra ya está fabricada y lista para ensamblar.
“Los datos de la propia ANI confirman lo que vemos en terreno: los proyectos no se atrasan solo por falta de plata, sino porque el método constructivo tradicional no tiene forma de recuperar el tiempo perdido en trámites. La prefabricación permite adelantar la fabricación mientras se resuelven los permisos, y eso es lo que realmente compensa los atrasos” afirma Claudio Rojas, gerente general de Preansa Colombia.
Cuando por fin se giran los recursos, la velocidad de montaje se vuelve crítica
El comunicado de la ANI deja un dato clave: buena parte del rezago en ejecución no depende de la entidad ni de los concesionarios, sino del giro efectivo de recursos entre entidades del Estado. Esto significa que, cuando ese cuello de botella financiero se resuelve, los proyectos deben acelerar de forma abrupta para recuperar el tiempo perdido.
En ese escenario, la capacidad de fabricar componentes de gran formato como vigas, pilas, pasarelas de forma simultánea en planta, mientras avanza el movimiento de tierras en campo, es lo que permite absorber esa aceleración sin comprometer la calidad ni disparar los sobrecostos.
Trazabilidad como respuesta a la lupa pública sobre la ejecución
La ANI ha tenido que salir públicamente, en más de una ocasión durante julio, a aclarar el estado real de sus proyectos frente a versiones de prensa. En un contexto donde la ejecución de la infraestructura está bajo escrutinio constante, la producción en planta bajo condiciones controladas ofrece algo que el vaciado artesanal no puede garantizar de la misma manera: trazabilidad documentada de cada elemento estructural, desde su fabricación hasta su montaje. Para Preansa, ese nivel de control es un activo tanto técnico como reputacional para los consorcios y las entidades que deben rendir cuentas sobre el avance de sus obras.
Para Preansa, el reto de la infraestructura colombiana no se resuelve únicamente destrabando presupuestos: se resuelve incorporando desde el inicio del proyecto el uso de piezas prefabricadas y modernizando el método con el que se construye.


