Presentar ya no basta, así están cambiando los lanzamientos de producto

Demostraciones, pruebas y recorridos están llevando a las marcas a pensar el espacio como parte de la manera en que el público descubre una novedad.

Durante años, un escenario, una pantalla y un grupo de asistentes sentados definieron la imagen habitual de un lanzamiento. El formato sigue siendo pertinente cuando la prioridad es comunicar información. Sin embargo, puede quedarse corto cuando el producto necesita verse de cerca, ponerse en funcionamiento o ser probado.

La diferencia está en lo que se espera que haga el público. Escuchar una explicación exige condiciones distintas a manipular un dispositivo, recorrer una exhibición o participar en una actividad. Cuando la interacción resulta necesaria, la planeación ya no gira solamente alrededor de la presentación y debe considerar cómo se moverán las personas y qué podrán descubrir por sí mismas.

Esta evolución también aparece en las investigaciones sobre eventos presenciales. El Freeman Commercial Trends Report 2025, elaborado con 1.022 asistentes y 969 expositores, encontró que el 44% de los participantes considera que las oportunidades limitadas de interacción práctica perjudican la evaluación de productos y servicios. Entre quienes sí tuvieron contacto directo, el 95% afirmó que esta posibilidad les facilitó determinar si la solución se ajustaba a las necesidades de su organización.

El dato no significa que cada lanzamiento deba convertirse en una producción compleja. Invita a plantear una pregunta más útil sobre qué necesita comprender el asistente y cuál es la mejor manera de lograrlo. Algunos productos pueden explicarse desde una tarima. Otros requieren cercanía, comparación o una demostración en condiciones similares a las de su uso cotidiano.

Un automóvil permite observar esa diferencia. La presentación puede comenzar en un área cubierta, pero la exhibición necesita circulación alrededor del vehículo, iluminación adecuada y distancia suficiente para apreciarlo desde varios ángulos. Si se incorpora una prueba, también se deben considerar el acceso, las maniobras, el terreno y la organización de los turnos.

En el lanzamiento de un celular o dispositivo tecnológico, el contacto ocurre a otra escala. Después de conocer sus especificaciones, los asistentes pueden necesitar estaciones donde prueben la cámara, exploren funciones o comparen el equipo con otras referencias. La distribución debe facilitar ese acercamiento sin que las explicaciones técnicas, las conversaciones y las demostraciones compitan entre sí.

Una experiencia de bienestar plantea una dinámica diferente. La presentación de un producto relacionado con esta categoría puede integrarse a una clase de yoga o a una actividad guiada que permita conocerlo dentro de un contexto vinculado con su uso. Así, el mensaje deja de ser exclusivamente expositivo y se traduce en una situación concreta.

Estos ejemplos muestran que la elección del lugar debería ocurrir después de definir el comportamiento esperado. Si las personas deben caminar, detenerse en estaciones, manipular un producto o participar en una práctica física, no basta con calcular el aforo y garantizar visibilidad hacia un escenario.

Cuando un lanzamiento combina exposición, prueba y circulación, la relación entre los ambientes pasa a formar parte de su diseño. En Bogotá, esta lógica puede aplicarse a un espacio como Bahía Eventos y Experiencias, donde la conexión entre salones, terrazas y zonas exteriores permite distribuir distintos momentos sin concentrar toda la jornada en un auditorio.

Una introducción general puede dar paso a una exhibición, una estación de uso o una demostración al aire libre. Las áreas destinadas a carpas y stands también resultan pertinentes cuando el producto necesita una puesta en escena específica. Lo importante no es sumar ambientes, sino asignarles una función y mantener una secuencia clara para el público.

“Antes, la primera pregunta solía ser cuántas personas asistirán y dónde se ubicaría la presentación. Ahora también es necesario definir qué hará el público después de escucharla, cómo se acercará al producto, qué podrá probar y de qué manera se moverá. El espacio empieza a pensarse desde la interacción que la marca quiere generar y no solamente desde el aforo”, explica Laura Bernal, ejecutiva comercial de eventos corporativos de Bahía Eventos y Experiencias.

Esta manera de plantear un lanzamiento también exige revisar aspectos operativos. Las demostraciones deben contemplar la circulación, los tiempos, la seguridad, las necesidades técnicas y las alternativas frente a cambios en el clima. Utilizar varios ambientes aporta valor cuando el paso entre ellos es sencillo y cada actividad responde a un objetivo.

El auditorio no ha perdido vigencia. Sigue siendo adecuado para contextualizar una novedad, presentar una estrategia o concentrar la atención en un mensaje. La necesidad de otro formato aparece cuando aquello que la marca promete solo puede comprenderse al verlo actuar.

En esos casos, el lanzamiento no termina cuando se apaga la pantalla. Continúa cuando el público se levanta, se acerca y comprueba por sí mismo lo que acaba de escuchar. Es allí donde el lugar deja de ser el fondo de la presentación y comienza a intervenir en la forma en que el producto es entendido.