A medida que las empresas aceleran la adopción de Inteligencia Artificial (IA) mientras navegan el contexto económico actual, la optimización de procesos mediante esta tecnología también está obligando a quienes toman decisiones tecnológicas dentro de las organizaciones a replantear sus enfoques.
La presión por mejorar la eficiencia, optimizar costos y mantener la competitividad está impulsando a las compañías en Argentina a acelerar sus procesos de transformación digital, aunque muchas todavía no parecen estar suficientemente preparadas.
Se trata de un problema organizacional. Un estudio de la Universidad Siglo 21, que encuestó a 400 empresas del país, encontró que la adaptación organizacional está rezagada frente a los cambios que exige la tecnología. El 64% de las compañías no ha iniciado ningún proceso para explicar a sus equipos cómo se está integrando la IA en sus operaciones.
“Estamos presenciando un cambio de paradigma”, indica Sebastián Ramacciotti, Senior Director, Account Management de EPAM Argentina. “Durante años, las decisiones, presupuestos e implementaciones tecnológicas recayeron principalmente en los departamentos de TI, mientras que las áreas de negocio observaban estos desarrollos desde cierta distancia. Sin embargo, ese modelo se está volviendo obsoleto y debe dar paso a una cooperación interdepartamental”.
Según una publicación reciente de esta compañía global, líder en transformación tecnológica con presencia en Argentina, el control de la IA dentro de las empresas está pasando de los departamentos de TI hacia las unidades de negocio como respuesta a una necesidad operativa. Ahora son los líderes de negocio quienes deben determinar dónde la IA genera valor, cómo se integra en los procesos y qué resultados debe entregar.
Este cambio estratégico es resultado de una lección aprendida durante la primera ola de adopción, cuando muchas iniciativas de IA permanecieron en fase piloto o de prueba de concepto sin generar un impacto real en la organización. No existía una conexión directa con los objetivos del negocio, lo que dificultó escalar la IA.
Ahora, una redistribución del poder interno se vuelve necesaria. Las unidades de negocio comienzan a asumir la responsabilidad de la estrategia de IA, priorizando casos de uso y midiendo resultados, mientras que los equipos de TI evolucionan hacia un rol habilitador, enfocado en construir la infraestructura, asegurar la escalabilidad y garantizar la gobernanza de estas soluciones.
Este nuevo modelo exige una colaboración mucho más estrecha entre ambas partes. La IA ha ampliado su papel; ahora también redefine la forma en que se toman decisiones, se diseñan procesos y se crean nuevos modelos de negocio. Por lo tanto, su implementación ya no puede quedar confinada a un área específica.
Además, este cambio trae consigo un nuevo nivel de responsabilidad. A medida que las decisiones impulsadas por IA impactan directamente los resultados del negocio, los líderes deben asumir la responsabilidad de esa implementación.
Durante los próximos dos años, esta reorganización interna se intensificará. Las empresas que logren adaptarse a este nuevo equilibrio entre negocio y tecnología estarán en una mejor posición para capitalizar el valor de la IA. Por el contrario, aquellas que mantengan modelos centralizados o desconectados podrían enfrentar mayores dificultades para innovar y escalar.

