El desafío de proteger los accesos en la era digital

La expansión de la nube, el trabajo remoto y los servicios digitales está haciendo que las empresas tengan que replantear a quién están dejando entrar a sus sistemas y qué puede hacer una vez dentro.

El perímetro de una empresa ya no termina en la oficina, el centro de datos o la red corporativa. Un empleado puede conectarse desde su casa, un proveedor desde otro país y una aplicación puede tener acceso permanente a información crítica. Mientras las organizaciones se vuelven más digitales, también se vuelve más difícil saber exactamente quién tiene acceso a qué.

El escenario no es menor: Colombia registró 7.100 millones de intentos de ciberataque durante el primer semestre de 2025, mientras Latinoamérica alcanzó un promedio de 3.561 ataques semanales por organización en julio de 2026, un 19 % más que un año atrás.

Pero detrás de estas cifras hay otro problema que está ganando relevancia: la identidad. En Colombia se registraron 13.983 reclamaciones por suplantación de identidad entre 2022 y mayo de 2026, mientras la inteligencia artificial está haciendo más sofisticadas algunas formas de fraude y suplantación.

Para One Identity, esto está cambiando la conversación sobre ciberseguridad. Ya no se trata únicamente de proteger la infraestructura, sino de tener claro quién puede acceder a ella, con qué permisos y durante cuánto tiempo.

“El perímetro de una organización ya no termina en la red. Hoy también está definido por las identidades que tienen autorización para entrar a los sistemas y por lo que cada una puede hacer una vez dentro”, afirmó Gabriel Lobitsky, General Manager de One Identity para América Latina, durante ANDICOM.

La dificultad está en que las organizaciones tienen cada vez más identidades que administrar: empleados, contratistas, proveedores, clientes, aplicaciones y sistemas automatizados pueden necesitar acceso a los mismos entornos, aunque con permisos diferentes.

Y ahí aparece uno de los principales riesgos: una cuenta que conserva permisos que ya no necesita, un proveedor que mantiene un acceso abierto o una identidad privilegiada que no está siendo supervisada pueden convertirse en una puerta de entrada a información sensible.

El caso de Ecopetrol ocurrido en julio es un ejemplo reciente de lo complejo que puede ser este escenario. Un ataque permitió acceder al almacenamiento en la nube de 15 empresas del grupo y expuso información asociada a unas 3.300 cuentas, según reportó El País.

“No basta con saber quién tiene una cuenta. Las organizaciones necesitan saber qué puede hacer esa identidad, si realmente necesita esos privilegios y si ese acceso sigue siendo válido”, agregó Lobitsky.

La transformación digital no va a detenerse. Al contrario, más aplicaciones, servicios en la nube, inteligencia artificial y conexiones entre empresas seguirán incorporándose a las operaciones. El reto será que ese crecimiento no venga acompañado de una pérdida de control sobre los accesos.

Por eso, para One Identity, la identidad se está convirtiendo en el nuevo perímetro de seguridad. En un entorno cada vez más conectado, proteger una empresa también significa saber quién tiene las llaves y qué puertas puede abrir.