Coste de un NAS vs. nube: ¿qué sale más barato en cinco años?

El almacenamiento en la nube parece barato porque la factura llega cada mes. Un NAS parece caro porque la mayor parte del coste se concentra en el primer día.

Esa diferencia explica buena parte de la brecha de costes a largo plazo. La nube mantiene bajo el desembolso inicial, pero sigues pagando mientras necesites el espacio. Un NAS cuesta más al principio y, después, el gasto se desplaza hacia la electricidad, el mantenimiento y futuras ampliaciones.

Entonces, ¿qué opción sale más barata? Con capacidades moderadas, la nube puede seguir siendo competitiva durante años. A medida que aumenta el almacenamiento necesario, tener tu propia infraestructura empieza a resultar más atractiva. La comparación útil no es el precio de hoy, sino cinco años alquilando almacenamiento frente a cinco años siendo propietario de él.

¿Por qué estás pagando realmente?

La nube y un NAS resuelven un problema de almacenamiento similar mediante modelos de costes opuestos.

Con el almacenamiento en la nube, el proveedor posee y mantiene la infraestructura. Tú pagas por un plan de almacenamiento y pasas a uno superior cuando necesitas más capacidad. Los fallos de hardware, el mantenimiento de los servidores y la mayoría de los costes de infraestructura están incluidos en la suscripción.

Con un NAS, esos costes se concentran al principio. Compras el equipo y los discos, mantienes el hardware en casa o en la oficina y gestionas tú mismo el almacenamiento.

Por eso, la estructura de costes es muy diferente:

CosteAlmacenamiento en la nubeNAS
Gasto inicialBajoAlto
AlmacenamientoSuscripción recurrenteDiscos comprados por adelantado
ElectricidadIncluidaA cargo del propietario
Mantenimiento del hardwareIncluidoResponsabilidad del propietario
Ampliación de capacidadPlan de suscripción superiorAñadir o sustituir discos
Copia de seguridad independientePuede seguir siendo necesariaPuede seguir siendo necesaria

La última línea es importante. Ninguna de las dos opciones elimina la necesidad de pensar en las copias de seguridad. RAID puede mantener un NAS operativo ante determinados fallos de disco, pero no protege frente a borrados, malware, robos o la pérdida de todo el dispositivo.

Por tanto, una comparación de costes justa debe enfrentar resultados de almacenamiento equivalentes, no una suscripción en la nube frente al precio de una carcasa NAS sin discos.

El coste de la nube es sencillo, pero acumulativo

A fecha de agosto de 2026, Apple ofrece iCloud en España por 9,99 € al mes para 2 TB, 29,99 € para 6 TB y 59,99 € para 12 TB.

Si esos precios se mantuvieran sin cambios, el coste durante cinco años sería:

CapacidadCoste mensualCoste en cinco años
2 TB9,99 €599,40 €
6 TB29,99 €1.799,40 €
12 TB59,99 €3.599,40 €

Es solo un ejemplo, no una previsión. Los proveedores pueden cambiar los precios, los planes y las prestaciones incluidas.

Lo importante es la forma que adopta la curva de costes. Con 2 TB, pagar unos 600 € durante cinco años puede ser más fácil de justificar que comprar y mantener hardware específico. Con 6 TB o 12 TB, el almacenamiento recurrente se convierte en un compromiso económico mucho mayor.

El coste de un NAS se concentra al principio, pero no termina ahí

Un NAS no tiene una cuota mensual de almacenamiento equivalente por la capacidad que ya posees, pero eso no significa que su coste de funcionamiento sea cero.

El presupuesto inicial suele incluir el propio NAS y los discos. Después, hay que tener en cuenta la capacidad útil y no solo la capacidad bruta.

Dos discos de 8 TB en RAID 1, por ejemplo, no proporcionan 16 TB de almacenamiento útil. Como los datos se reflejan en ambos discos, la capacidad útil equivale aproximadamente a la de un único disco de 8 TB, antes de tener en cuenta el espacio utilizado por el sistema y el sistema de archivos.

La electricidad también debe formar parte del cálculo.

Un NAS con un consumo medio de 20 W durante todo el año consumiría aproximadamente 175 kWh al año. Según el último dato oficial disponible de Eurostat, el precio medio de la electricidad para los hogares españoles fue de aproximadamente 0,267 €/kWh en el segundo semestre de 2025.

Con esa referencia, el sistema del ejemplo costaría alrededor de 47 € al año, o unos 234 € durante cinco años, suponiendo que tanto el consumo como el precio de la electricidad se mantuvieran sin cambios.

Después están los costes menos previsibles: un disco averiado, una ampliación de capacidad o almacenamiento adicional para copias de seguridad.

Por tanto, el modelo de costes de un NAS no consiste en “comprar una vez y no volver a pagar”. Consiste en comprar capacidad por adelantado y después mantener lo que ya es tuyo.

¿Por qué cambia la diferencia de costes con el tiempo?

La economía cambia porque el almacenamiento en la nube y un NAS escalan de forma distinta.

La nube escala mediante cuotas recurrentes. Un NAS escala mediante hardware.

Esa diferencia se vuelve más importante a medida que aumenta la capacidad o el tiempo.

Con capacidades más bajas, la nube tiene buenos argumentos

Pensemos en un usuario que necesita unos 2 TB.

Cinco años de iCloud al precio actual de 9,99 € al mes costarían 599,40 €. Un NAS con discos adecuados, electricidad y una copia de seguridad independiente puede superar fácilmente esa cifra.

La nube también evita tener que mantener hardware y facilita el acceso desde fuera de casa.

Para alguien con necesidades de almacenamiento moderadas y estables, comprar un NAS únicamente para eliminar una cuota de almacenamiento en la nube puede no tener sentido desde el punto de vista económico.

Las bibliotecas más grandes cambian la ecuación

Ahora pensemos en un fotógrafo, un cineasta o una pequeña empresa que almacena varios terabytes de datos durante años.

Con los precios actuales de la nube, 6 TB costarían más de 1.799 € durante cinco años; 12 TB superarían los 3.599 €.

En ese momento, la pregunta cambia.

La comparación deja de ser una pequeña suscripción mensual frente a una caja cara. Pasa a ser una factura recurrente considerable por almacenamiento frente a un hardware cuya capacidad sigue estando disponible después de la compra inicial.

Ahí es donde la economía de un NAS empieza a resultar más convincente.

Aun así, no existe una regla universal según la cual “un NAS se amortiza en tres años”. El punto de equilibrio depende de:

• la capacidad útil necesaria;

• la configuración de los discos;

• el coste del hardware;

• el consumo eléctrico;

• el crecimiento del almacenamiento;

• la estrategia de copias de seguridad;

• tiempo que el NAS permanezca en servicio.

Un usuario que necesita 2 TB y otro que necesita 12 TB están resolviendo problemas distintos. Aplicar a ambos la misma estimación del punto de equilibrio no tendría sentido.

El coste por terabyte tampoco cuenta toda la historia

Un terabyte más barato sólo resulta útil si encaja con la forma en que trabajas.

El almacenamiento en la nube incluye la infraestructura, el acceso remoto y una gestión mínima del hardware. Un NAS ofrece almacenamiento local, mayor control sobre la capacidad y, potencialmente, menores costes a largo plazo cuando se trabaja a mayor escala.

El rendimiento también puede importar.

Grandes colecciones de fotos RAW, proyectos de vídeo e imágenes del sistema pueden transferirse a través de una red local sin tener que subirlas y descargarlas repetidamente a través de Internet. En flujos de trabajo intensivos, esto puede aportar valor práctico incluso antes de que aparezca una ventaja estrictamente económica.

En cambio, alguien que trabaje desde varias ubicaciones puede valorar tanto el acceso mediante la nube que esté dispuesto a asumir un coste de almacenamiento mayor a largo plazo.

Por eso, el coste no debería analizarse por separado de una comparativa más amplia entre NAS, almacenamiento en la nube y discos externos. La opción más barata no es necesariamente la mejor si funciona mal para la forma en que realmente utilizas tus datos.

¿Cómo deberías elegir?

La decisión resulta mucho más sencilla una vez que tienes claras la capacidad de almacenamiento y el periodo de tiempo que necesitas cubrir.

Elige la nube si necesitas más flexibilidad que propiedad

La nube suele ser la opción más adecuada cuando:

• tus necesidades de almacenamiento son relativamente pequeñas;

• quieres reducir al mínimo el desembolso inicial;

• tus necesidades de almacenamiento pueden cambiar rápidamente;

• acceder fácilmente desde distintas ubicaciones es una prioridad;

• no quieres encargarte del mantenimiento del hardware.

También puede tener sentido desde el punto de vista económico cuando la suscripción incluye otros servicios que ya utilizas. En ese caso, considerar todo el precio mensual como un gasto exclusivo de almacenamiento exageraba su coste real.

Elige un NAS si necesitas mucha capacidad durante mucho tiempo

Un NAS empieza a resultar más atractivo cuando:

• ya gestionas varios terabytes de datos;

• es probable que tus necesidades de almacenamiento sigan creciendo;

• varios dispositivos o usuarios comparten el mismo espacio de almacenamiento;

• accedes con frecuencia a archivos grandes a través de la red local;

• esperas utilizar el hardware durante varios años.

Cuanto más tiempo siga siendo útil un NAS, más años podrás repartir su coste inicial de hardware.

Pero la planificación de capacidad importa. Comprar un sistema demasiado pequeño y tener que sustituirlo antes de tiempo puede eliminar buena parte de esa ventaja.

Una vez que el almacenamiento local empieza a tener sentido desde el punto de vista económico, el siguiente paso es elegir el NAS adecuado para casa en función de la capacidad, las posibilidades de ampliación y la carga de trabajo que realmente necesitas, y no simplemente comprar el equipo más barato disponible.

Para muchos usuarios, la mejor respuesta es un sistema híbrido

Un NAS y la nube no tienen por qué sustituirse entre sí.

Una configuración más eficiente puede repartir las funciones:

• NAS: grandes bibliotecas de trabajo, copias de seguridad de dispositivos y archivos;

• Nube: archivos seleccionados que necesitan protección fuera de las instalaciones o acceso remoto frecuente.

Por ejemplo, un fotógrafo con una biblioteca local de 10 TB puede no necesitar pagar por 10 TB de almacenamiento en una nube de consumo. El archivo completo puede permanecer en el NAS mientras una selección más pequeña de archivos críticos se copia fuera de las instalaciones.

Eso vuelve a cambiar la economía.

En lugar de pagar tarifas de almacenamiento en la nube por cada terabyte, la nube pasa a ser un servicio selectivo añadido sobre el almacenamiento que ya posees.

Entonces, ¿es un NAS más barato que la nube?

Con capacidades pequeñas, no necesariamente. La nube mantiene bajo el coste inicial, elimina el mantenimiento del hardware y puede seguir siendo económica cuando solo necesitas unos pocos terabytes. A medida que aumenta el volumen de almacenamiento y se utiliza durante más tiempo, el equilibrio empieza a cambiar. La nube sigue cobrando por la capacidad; un NAS te permite seguir utilizando el almacenamiento que ya has comprado.

Esto nos devuelve a la diferencia planteada al principio: la nube alquila capacidad; con un NAS, la compras.

Si necesitas flexibilidad y una cantidad moderada de almacenamiento, alquilar puede ser la opción más conveniente. Si esperas conservar muchos terabytes durante años, tener tu propio almacenamiento merece un análisis mucho más detenido.