Colombia acelera su transformación digital y demanda infraestructura más resiliente

Liberty Networks plantea que el siguiente salto del país no estará solo en adoptar más tecnología, sino en lograr que conectividad, nube, datos, ciberseguridad y operación continua funcionen como un solo sistema, con la resiliencia necesaria para evitar que una falla detenga el negocio.

Colombia no está entrando a la economía digital: ya compite en ella. Al cierre de 2025, 41,7 millones de personas usaban internet, equivalente al 77,8% de la población, según DataReportal / Kepios, Digital 2026: Colombia. La velocidad mediana de la banda ancha fija alcanzó 191,53 Mbps, cerca de 1,8 veces la media mundial de 104,43 Mbps, y la velocidad móvil se duplicó en doce meses hasta 36,76 Mbps. La pregunta ya no es si el país está conectado, sino si su infraestructura puede sostener el nivel de exigencia que él mismo generó.

Las mediciones internacionales lo confirman. Colombia ocupa la posición 63 de 127 economías en el Network Readiness Index 2025, donde la principal fortaleza es su capital humano. En el Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial (ILIA) 2025 de CEPAL y CENIA asciende al cuarto lugar entre 19 países, dentro del grupo de “adoptantes”, con 55,84 puntos, y forma parte de los cinco países que concentran el 86% del uso de soluciones de inteligencia artificial (IA) en la región. El país además lidera América Latina en demanda de formación en IA y tiene la segunda proporción más alta de egresados STEM, con 23,91%.

“Colombia ya demostró que puede adoptar tecnología a gran escala y formar el talento que la sostiene. El reto de esta etapa es distinto: mantener esa adopción en pie cuando algo falla. Hoy una interrupción tecnológica puede detener pagos, ventas, logística, atención al cliente y servicios esenciales al mismo tiempo. Por eso, la resiliencia debe diseñarse antes de que ocurra la falla”, afirmó Patricia Manzano, Country Manager de Liberty Networks Colombia.

Esa exigencia convive con un frente que crece al mismo ritmo. El Reporte sobre el Panorama de Amenazas 2026 de FortiGuard Labs ubicó a Colombia como el tercer país más atacado de América Latina durante 2025, después de Brasil y México, con 10,900 millones de intentos de ciberataque y 7,000 millones de escaneos activos sobre infraestructura digital colombiana. El informe también señala que una vulnerabilidad recién divulgada puede empezar a explotarse entre 24 y 48 horas después de conocerse. Proteger la operación dejó de ser la instalación de una herramienta y pasó a ser sostener una vigilancia permanente.

Para las organizaciones, uno de los retos menos visibles es la fragmentación. Una empresa puede tener conectividad con un proveedor, nube con otro, ciberseguridad con un tercero, centro de datos con un cuarto y una alternativa satelital con un quinto. Mientras todo funciona, el modelo puede operar sin problemas. La diferencia se ve cuando algo falla: cinco contratos, cinco acuerdos de servicio y cinco mesas de soporte pueden convertir una incidencia técnica en un problema de coordinación, justo cuando cada minuto cuenta.

Por eso, más que acumular tecnologías, la nueva economía digital está empujando a empresas y gobiernos hacia arquitecturas integradas y un solo interlocutor capaz de entender cómo se relacionan la red, el cómputo, la nube, la seguridad y la operación. No se trata de reducir las opciones, sino de reducir los puntos de fricción cuando la continuidad está en juego.

En esa lógica se inserta la estrategia de Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) de Liberty Networks. La compañía combina una red propia de cable submarino de fibra óptica y de fibra terrestre, acceso satelital para empresas, centros de datos regionales, ciberseguridad, servicios administrados, consultoría y capacidades de nube, aplicaciones, automatización, datos e inteligencia artificial. El objetivo no es sumar productos, sino lograr que esas capas funcionen de forma coordinada y respondan como una sola arquitectura cuando la operación lo exige.

Ese modelo se apoya en fabricantes y plataformas globales, tales como AWS, Cisco, Fortinet, Hitachi, HPE, IBM, Microsoft, Oracle, Red Hat, Starlink, entre otros, para combinar tecnologías según las necesidades de cada organización, sin depender de un único fabricante. En Colombia esa arquitectura tiene un componente que no existe en otros mercados de la región. El centro de datos de Tocancipá, con certificación Tier IV del Uptime Institute, 99.995% de disponibilidad, 2.5 MW de capacidad y energía redundante, es el único sitio, entre los cuatro mercados donde Liberty Networks despliega servicios de AWS, que cuenta con infraestructura física de AWS instalada, a través de AWS Outposts.

“La diferencia entre adoptar tecnología y convertirla en valor está en la integración. La IA necesita datos, los datos requieren capacidad de cómputo y la nube depende de conectividad y seguridad. Cuando esas capas operan juntas y además pueden mantener la información donde la norma lo exige, la conversación deja de ser técnica y pasa a ser de competitividad”, señaló Juan David Correa, director de Tecnología de la Información y las Comunicaciones (TIC) de Liberty Networks.

La cobertura también forma parte de la ecuación. La brecha colombiana no está en la red móvil, que alcanza al 100% del territorio, sino en la conectividad fija: según el Banco Mundial, 52.9% de los hogares urbanos cuenta con internet fijo frente a 12.4% de los hogares rurales. Desde septiembre de 2026, Liberty Networks incorporó Starlink a su portafolio empresarial en Colombia como distribuidor autorizado, lo que permite conectar operaciones donde la red terrestre no llega y aportar una ruta de respaldo donde sí llega. El satélite no sustituye a la fibra óptica: la complementa.

Colombia ya ganó la primera partida: la del acceso, la velocidad y el talento. La segunda se juega en un terreno menos visible, donde la ventaja no la define quién compra más tecnología, sino quién logra convertirla en capacidad productiva: quién puede desplegarla y escalarla, integrarla en sus empresas, desarrollar soluciones propias, proteger los datos y el conocimiento que genera, y hacer que una mayor parte del valor económico permanezca en el país. Esa es la distancia entre un país que consume tecnología y otro que la convierte en productividad, empleo e innovación propia. El talento ya está. La demanda ya está. La infraestructura para sostenerlos también. Lo que Colombia construya en los próximos años decidirá si lidera la próxima década digital de la región o la ve pasar.