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¿Va a comprar un electrodoméstico? Estas son cinco preguntas que debería hacerse antes de decidir

El precio y el diseño suelen concentrar la atención, pero factores como el consumo de energía, la capacidad, el espacio disponible, la calidad, la garantía y la utilidad real de las funciones pueden tener un impacto mayor durante los años de uso del equipo.

Comprar una nevera, una lavadora o una estufa no debería ser una decisión basada únicamente en una promoción. Aunque el precio es determinante para el presupuesto familiar, una elección apresurada puede traducirse posteriormente en un mayor consumo de recursos, falta de espacio, funciones que nunca se utilizan o un equipo que no responde a las necesidades reales del hogar.

El consumo energético es uno de los aspectos que más peso puede tener a largo plazo. La versión preliminar del Plan Estratégico de Eficiencia Energética del Plan Energético Nacional 2024-2054, elaborada por la Unidad de Planeación Minero-Energética (UPME), señala que las neveras pueden representar entre el 40% y el 60% de la factura mensual de energía eléctrica, con consumos promedio de entre 90 y 143 kilovatios-hora al mes, dependiendo de la zona climática.

El documento también indica, con base en la Encuesta Nacional de Calidad de Vida de 2018, que el 83,2% de los hogares colombianos contaba con equipos de refrigeración o congelación. Además, un estudio de estimación de consumo de 2023 citado por la UPME ubica la antigüedad promedio de estos equipos entre 7,4 y 12,2 años, según la zona climática y el estrato socioeconómico del hogar. Estas cifras muestran por qué una compra de este tipo debe evaluarse no solo por su costo inicial, sino también por su desempeño durante varios años.

En este contexto, mabe comparte cinco preguntas que pueden ayudar a los consumidores a tomar una decisión más informada y a seleccionar un electrodoméstico que se adapte mejor a las dinámicas de su hogar.

1. ¿Qué necesita realmente el hogar?

Antes de comparar marcas, referencias o precios, es conveniente revisar cuántas personas utilizarán el electrodoméstico, con qué frecuencia, cuáles son sus hábitos de consumo y cuánto espacio está disponible.

Una nevera para una persona que vive sola no requiere necesariamente la misma capacidad que la de una familia de cinco integrantes. Algo similar ocurre con una lavadora: comprar una de capacidad insuficiente puede obligar a realizar más ciclos, mientras que elegir una demasiado grande para cargas pequeñas puede significar desaprovechar espacio y recursos.

También es fundamental medir el lugar donde se instalará el equipo y verificar los accesos. No basta con confirmar que el electrodoméstico cabe en el espacio disponible: se deben considerar las dimensiones de puertas, ascensores y pasillos, así como el margen necesario para abrir puertas y cajones, facilitar la ventilación y realizar las conexiones eléctricas, de agua o de gas, dependiendo del producto.

2. ¿Cuánto costará usarlo, además de comprarlo?

Una promoción puede reducir el precio inicial, pero el costo real de un electrodoméstico también incluye la energía y el agua que utilizará durante su vida útil, además de factores como la calidad, la durabilidad y las necesidades de mantenimiento.

Por esta razón, es recomendable revisar la etiqueta de eficiencia energética y comparar el consumo informado para cada referencia. Dos equipos de tamaño y apariencia similares pueden tener comportamientos diferentes en la factura mensual.

La Agencia Internacional de Energía (IEA, por sus siglas en inglés) señala que los electrodomésticos representan alrededor del 45% de la demanda de electricidad de las edificaciones en el mundo. La entidad también indica que, en los países donde se han implementado estándares mínimos de desempeño y programas de etiquetado, estos equipos consumen normalmente cerca de 30% menos energía de la que habrían utilizado sin esas medidas.

La recomendación es comparar no solo el valor de compra, sino también el consumo estimado durante varios años, la calidad de los componentes y el respaldo ofrecido por la marca. Un equipo aparentemente más económico puede resultar más costoso si necesita más energía para cumplir la misma función o si requiere reparaciones frecuentes.

3. ¿La capacidad y la distribución interior se adaptan a la rutina familiar?

En una nevera, la capacidad total es importante, pero también lo es la manera en que está distribuido el espacio. La ubicación de bandejas, cajones, anaqueles, compartimientos y zonas de almacenamiento determina qué tan sencillo será organizar los alimentos y aprovechar el espacio interior.

Antes de elegir, conviene preguntarse con qué frecuencia se hacen las compras, qué cantidad de productos frescos se almacena y si se requiere mayor espacio para congelados, frutas, verduras, bebidas o recipientes grandes.

En una lavadora, además de la capacidad en kilogramos, debe considerarse el volumen habitual de ropa, la frecuencia de lavado, el tipo de prendas y el espacio necesario para abrir la tapa o la puerta.

La mejor capacidad no siempre es la más grande, sino aquella que responde a la rutina del hogar y permite evitar cargas insuficientes, ciclos innecesarios y dificultades de organización.

4. ¿Las funciones ofrecidas resuelven una necesidad real?

Los electrodomésticos incorporan diferentes programas, sensores y funciones. Sin embargo, tener más opciones no significa necesariamente que un producto sea el más conveniente para todos los hogares.

En refrigeración, por ejemplo, pueden ser útiles las tecnologías que favorecen una distribución uniforme del aire, ayudan a conservar los alimentos y contribuyen a optimizar el consumo energético. En el portafolio de mabe, el sistema Total Fresh Flow está orientado a mejorar la distribución del aire frío y la conservación de los alimentos, mientras que Home Energy Saver integra componentes de alta eficiencia para contribuir al ahorro de energía. La disponibilidad y las características de estas tecnologías dependen de cada referencia.

En las lavadoras pueden resultar relevantes los sensores de carga, los ciclos rápidos o los programas diseñados para determinados tipos de prendas. La recomendación es identificar cuáles funciones se utilizarán con frecuencia y cuáles podrían convertirse en características adicionales que incrementan el precio sin aportar un beneficio real a la rutina familiar.

“La mejor compra no siempre es el electrodoméstico que incorpora más funciones, sino aquel que responde de manera adecuada a las dinámicas del hogar. Cuando una persona entiende qué aspectos debe revisar, puede aprovechar mejor su inversión y elegir una solución que realmente facilite su vida cotidiana”, explica Juan Zavala, gerente general de mabe Colombia.

5. ¿Qué respaldo tendrá el producto después de la compra?

La calidad, la garantía, la disponibilidad de servicio técnico, el acceso a repuestos y las recomendaciones de mantenimiento también deben hacer parte de la decisión.

Antes de pagar, es conveniente verificar cuánto dura la garantía general, si algunos componentes cuentan con coberturas especiales, dónde se encuentran los centros de servicio autorizados y cuáles situaciones no están incluidas.

También es importante consultar cómo debe realizarse la instalación. Algunos problemas de funcionamiento no se originan en el producto, sino en conexiones eléctricas inadecuadas, tomas de agua, nivelación incorrecta, falta de ventilación o condiciones del espacio que no corresponden con las especificaciones del equipo.

La compra no termina cuando el electrodoméstico sale del almacén. El acompañamiento, el mantenimiento y el soporte disponible durante los años siguientes también hacen parte del valor del producto.

Una decisión que debe mirar más allá de la promoción

El precio continuará siendo uno de los principales criterios de compra, pero no debería analizarse de manera aislada. Las necesidades del hogar, el consumo de recursos, la capacidad, la distribución interior, la calidad, la utilidad de las funciones, la garantía y el servicio posventa permiten determinar si un producto será realmente conveniente.

Para mabe, la innovación cobra valor cuando responde a las dinámicas reales de las familias y se traduce en soluciones que aportan practicidad, eficiencia, conservación de los alimentos, durabilidad y respaldo.

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