Por: Susana Castañeda, Coordinadora del Programa de Comunicación Digital del Politécnico Grancolombiano Sede Medellín.
Últimamente cuando abro Instagram o TikTok me siento como cuando se camina por un barrio donde todas las casas se parecen y están pintadas, con los mismos colores, la misma fachada y hasta las mismas ventanas, no hay nada que emocione o atraiga. Si un día un audio se vuelve viral, al otro día, miles de creadores lo usan exactamente igual.
Y puede que algunos me refuten, porque además no quiero decir que esté mal. Las tendencias tienen una razón de ser: responden a lo que está pasando en la actualidad, a lo que conecta con la audiencia y justamente a lo que el algoritmo “favorece”.
Pero cuando todos entran al mismo carril del tren sin preguntarse por qué implementarlos, o para qué relacionarlo con la propuesta de valor, corremos el riesgo de olvidarnos de lo más importante: nuestra voz, esa que nos hace únicos.
Sí, esa debe ser una voz que nos diferencie, esa mirada única, esa forma de contar las cosas que nacen con nuestra historia, de nuestro territorio, de nuestra sensibilidad y que donde quiera que alguien nos vea, sea capaz de relacionarnos.
Ahí es donde me pregunto ¿la creación de contenido digital debe ser un concurso de disfraces donde todos compiten por parecerse al último éxito viral? Debería ser una conversación desde las aulas, e incluso en las oficinas de comunicaciones y entre los creadores de contenidos.
¿Dónde empieza la creatividad cuando todos están mirando lo mismo? Entrar a las plataformas sociales con saturación de formatos repetidos nos está llevando a una falsa ilusión de éxito en redes, porque vemos exceso de likes, comentarios, compartidos… pero ¿estamos realmente diciendo algo que genere recordación de nuestras marcas?
En las universidades que tenemos programas relacionados con comunicación, siempre nos enseñaron que “el medio es el mensaje”, pero en esta era digital, el mensaje se diluye cuando todos usamos el mismo molde una y otra vez.
Reitero: no se trata de ignorar las tendencias, sino de usarlas como punto de partida momentáneo, no que sea la única opción de tu estrategia digital. ¿Qué pasaría si en lugar de subirnos al tren de lo viral, lo rediseñamos? ¿Y si en lugar de imitar exactamente, interpretamos desde nuestra identidad?
La diferencia puede estar en el detalle. Volver a ser originales no significa ser rebuscados o extravagantes en contenidos que nos tomen todo el tiempo. A veces, basta con decir algo simple de una manera honesta, mostrándonos tal y como es nuestra marca, mostrar lo cotidiano desde una mirada propia; así quizás no lleguemos a cientos de likes, pero conectaremos profundamente con quienes sí.
Y así, el mejor contenido no será el que sigue la tendencia, sino el que deja huella y, como lo digo yo: ser cupido y llegar al corazón. Porque fue distinto, porque fue valiente, porque no le tuvo miedo al pensamiento propio.
Así que, si vas a crear contenido, pregúntate: ¿qué tendencia sí es conveniente para entrar? Porque tal vez no se trata de ser tendencia, sino de crear memoria.

